abril 15, 2008

En el nombre del padre, del hijo… y de ella


Manuel Soto

No puede ser, no te creo, esto me huele a excusa para amarrarme, el viejo truco del embarazo ¿no? ¿Y quién dice que es mío? No creas que conseguirás algo de mí, no te creo, tal como tú dices “las cosas se hacen de a dos” pero también es cierto que si la mujer quiere quedar embarazada puede hacerlo con facilidad. No aceptaré que me tomes por idiota, aparte que aun cuando así fuera yo no puedo hacerme cargo del problema; estoy terminando con la tesis y estoy a punto de titularme, no puedo ni voy a hacerme cargo de este problema que estoy seguro que no es el mío… si es que de verdad estás preñada ten en cuenta que es un problema únicamente tuyo ¿De acuerdo?

El primero en abrir el colegio, el primero en recibir los retos del director, el primero en ser mal mirado por el resto de los que trabajan en el colegio, el primero que se culpa cuando algo malo pasa, Darío poh, el auxiliar, ¿a quién otro que yo tenían que mandar a recoger la basura del peladero de detrás de la escuela? Vasos de yogurts, bolsas de papas fritas, cajitas de leche, ¡qué hermoso trabajo! Tengo que hacer esto luego porque, por supuesto, después tengo que barrer la escuela, si realmente para eso me pagan… si en realidad me pagaran para decir las cosas que el director hace… ahí sí que ganaría plata. Ya, recojo hasta el canal y me devuelvo a limpiar el patio… ¿Cómo la gente podrá botar cosas a los canales de regadío?, cero conciencia con el ambiente… un muñeco… deben haberla botado del jardín infan… es muy blanda para ser muñeca ¡mierda, está muerto!

No daba más, lo prometo, Mario se había desentendido de lo que él había llamado “el problema”. Lo escondí durante todo el período de gestación, tú sabes lo que me dolió fajarme todos estos meses; tenía sueños, tenía metas, tenía una vida, ¡era mi derecho decidir! Tengo un trabajo que cuidar, no estudié cinco años Educación parvularia para retirarme de mi primera oportunidad de hacer carrera, necesito trabajar, necesito hacer mi vida. Nació en el baño, cuando estaba con el medio mayor, por suerte me di cuenta de lo que venía, lo malo es que no me di cuenta de lo que hice después, no me di cuenta que lo tomé, y le atravesé el pecho con la mismas tijeras con las que le corté el cordón umbilical para después meterlo en una bolsa de Falabella y tirarlo al canal que pasa por detrás del colegio. Bueno… tú ya sabes que después lo encontró don Darío, no sé cómo, que yo caí al hospital por la hemorragia y que ahora estoy a punto de entrar al juicio. Era un niño hermoso, pesó como cuatro kilos, no está claro por la hinchazón del agua porque finalmente no murió por la estocada de la tijera, sino que por inmersión… perdóname señor, no sé lo que hacía.

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