junio 28, 2008

Agua y sed… serio problema


Manuel Soto


Me miras fijamente, son los mismos ojos los que ahora toman una posición definitiva… me miran de la misma forma, con tu mentón apuntando a tu pecho y tu mirada aleteando como mariposa. Ahora que me miras así recuerdo lo mucho que deseo tocarte, trazar caminos con la yema de mi índice en la palma de tu delicada mano, para luego posar mi boca en tus muñecas, como si al besarte bebiera de la sangre que fluye por ellas. Subiría por tus brazos mordisqueándote, hasta llegar a tu cuello, ese cuello perfecto, blanco y amplio, que incita a clavar mis colmillos en él. Besarte por tu garganta, pasar por tu pera de agua y llegar a tu boca que tiene medida justa: labios gruesos pero delicados y sutiles con forma de corazón, una boca que me entrampa en un beso cadencioso, suave e intenso, beso que entrega estados de catarsis y de suspensión. Mientras te tomo del talle con la fuerza y desesperación de un animal, para abrir los ojos, ver el aleteo de los tuyos y recordar que estamos conversando en el parque, sentados, y que me estás diciendo que todo acabó. No sé qué decirte, balbuceo frases que ni yo entiendo.

-¿Por qué tiene esto que acabarse?

-Porque así debe ser- contestas mientras fumas.

-Pero… no quiero… me duele, te necesito.

-Dame una sola razón de peso y seguimos con esto.

Agacho la vista y guardo silencio ¿qué podría decirte? Que te quiero, que te de verdad te necesito, que aunque la idea era un polvo de una noche me quedé pegado y ahora no puedo estar lejos de ti, que necesito la suavidad, la firmeza y el aroma de tu piel, que estoy dispuesto a renunciar a mi vida entera sólo porque me tomes la mano… ¿qué puedo decirte si nada de eso me lo creerías?

-¿Una buena razón puede ser que no quiero que esto se acabe?

-No- me dices y continúas fumando.

Ya no sé qué hacer, pero no puedo hacer nada, estás ciega, crees que no hay nada en común entre los dos, crees que nada resultaría bueno de un nosotros. Terminas de fumar y me miras fijamente de nuevo.

-¿Sabes qué es lo peor?

-No- respondo sin entender.

-Lo peor es que sé que volveré a buscarte, me conozco sé que no aguantaré mucho si ti, a menos que busque a alguien para que borre tus besos de mi cuerpo.

-Te cobraré la palabra, créeme… pensándolo mejor, cuando ese momento llegue espero tener orgullo por una vez (orgullo que contigo desaparece) y decirte que no.

No soporto más el sol en la cabeza, sudo frío, me tiritan las manos, tengo jaqueca, me paro del escaño y me pongo de pie frente a ti.

-¡Por favor, te lo suplico, no terminemos con esto!- Me doy cuenta de que estoy gritando

-Ese fue el acuerdo, hoy- tu mirada hacia arriba es implacable.

-Entonces esto termina aquí.

De mi bolsillo saco un revolver, no dudo en apuntar en medio de tu frente y disparar. El problema es que mientras lo hago, un latido en el pecho me recuerda lo mucho que te quiero.

junio 10, 2008

Importancia




Manuel Soto


Yo no te importo. Tú me besas, me tocas, me pegas, me hueles, me acaricias, me rasguñas, me tiras, me lengüeteas, me muerdes, me miras.

Tú no me importas. Yo también te beso, excesivamente; te toco a manos llenas; te pego ciego de placer; huelo detrás de tu cuello; te acaricio con la yema de los dedos; arrastro mis dedos con uñas cortísimas por toda tu espalda; te empujo de un lado a otro; te tomo fuertemente del pelo; mi lengua recorre tu cuerpo entero; mordisqueo lo que la desesperación me permite: tu cuello, tu espalda, tus piernas, tus pezones, tus labios, miro tus ojos con aleteo de mariposa.

No me importa que yo no te importe porque a ti no te importa que tú no me importes, y como nada nos importa es que caemos sobre la cama entrecruzando piernas y cuerpos, lenguas y labios, pechos y vientres, brazos y manos, sexos y cadencias, clímax y cansancio, besos y ojos.