septiembre 22, 2008

Expiación de los pecados

Manuel Soto

 Ascensor. Piso 6, departamento 12.

 

Primero el living, ese maldito lugar donde me senté, me acosté, me reí, me dormí, me embriagué… me hice penetrar. Luego el comedor, donde acostumbrábamos a alimentar-nos, esta mesa de roble antiguo que tanto le gusta y que va arder increíble, un poco más de combustible, el fósforo prendido y ahí está. Ahora la cocina, cuantas veces hicimos juntos cosas exquisitas y no sólo para comer; por muy hermosa que era es necesario que prenda este fósforo sobre ese combustible transparente. Final del pasillo y la habitación (el cuarto de los cachureos no me interesa), quiero quemar todo esto, esos veladores, este estúpido espejo antiguo, esos inentendibles cuadros caros, ese clóset gigante, pero sobre todo: esa maldita cama, que conozco centrímetro por centrímetro, no me interesa gastar lo que me queda en el bidón  en ella y tirar la caja junto al fósforo prendido… ¿humo? Fuego. Qué hermosa vista… se me olvidó que el living y el comedor debía ser lo último.  

1 comentario:

Maquita dijo...

Me encanta este.
No había podido escribir por falta de tiempo, pero ahora que tengo un descansito lo hago.

Lo adoro. Agarraste bien en motivo, todo gracias a las historias turbias del Conejo. Aunque tu escrito, estoy segura, es mejor que lo que él hizo.

Amo como la venganza quema, como destruye todo a su paso, más con la secuencia que le diste.

Besos, nos vemos.