noviembre 22, 2007

Crimen


Manuel Soto


La recordaba por la última y única vez que se vieron, ya que no sólo se vieron. Se encontraron por casualidad en la Estación USACH… es fría, pero en esa fue. En el Metro nadie se podía mover, apenas respirar. Entre tanto brazo y hombro ella lo miró a los ojos:

-Me embarazaste Enrique.

Ningún sonido se escuchó.

-Pero no te preocupes, voy a abortar.

El joven sólo la miró.

-Ok- respondió él.

El tren frenó, la horda salió empujando, Andrea cayó, fue pisada, el muchacho fue a verla, su cabeza estaba más hinchada que antes y ya no respiraba.

noviembre 06, 2007

Final inevitable


Manuel Soto

No soporté más. Ella me dejó un día así nada más. Sólo me dijo que la relación no daba más y me pidió que me fuera de la casa. Me dejó solo, pero cómo es capaz de dejarme solo, yo sin ella no soy nada, yo la amo, no puedo soportar estar lejos de ella, yo la amo se lo juro, aún la amo.

Ella después de eso me dejó de hablar, de mirarme, de todo. Entiendo que se haya enojado un poco, se me pasó la mano y en un momento de arrebato le di un manotazo en la mejilla… pero es que ella me llevó a eso, de verdad: estábamos teniendo problemas, ella ya no me deseba, no quería siquiera que la tocara, más encima buscaba excusas para que peleáramos, me llevaba la contra en todo y un día de esos, andaba con toda las mañas y ya no supe cómo hacerla entender que no iba ayudarla a barrer la cocina… la mano se me fue. Pero ella fue la que me impulsó, de verdad, ella siempre estaba pensando cómo hacerme enojar, cómo cagarme el día.

En el 2004 nos habíamos ido a vivir juntos, su familia no estaba de acuerdo porque decían que yo era un picante que no tenía ni un peso, sin embargo no les importaba el que yo la amara más que a mí mismo, no les importaba que yo vivía, moría, daba mi vida por ella. Fuimos felices en un principio: ella en la casa, yo en lo mío. De repente a ella le daba por portarse mal, le daba por salir con las maracas que tiene por amigas, pero lo bueno es que en ese tiempo ella entendía cuando le explicaba por qué no le daba permiso para salir. Los problemas vinieron después, con toda esa basura televisiva de que ahora las mujeres tenían que mandar, con toda esa vaina de que ahora era una mujer la presidenta, y toda esa suerte de campaña televisiva que implicaba el que las mujeres son superiores como género respecto a los hombres.

Ella de verdad era insoportable, por todo hacía problemas, por ejemplo, la vez que le pegué fue por algo bien específico. Yo trabajo todo el día, de hecho ese día había llegado a las diez y media de la noche a la casa. Un amigo me fue a visitar y me acompañó a tomar onces, el punto es que después de comer, nos paramos y nos sentamos en los sillones para estar un poco más cómodos, dejando ahí lo que habíamos ocupados.

-Jorge- me increpó.
-¿Qué?
-¿Cómo que qué?
-Ya, lo hago al tiro, pero déjame descansar un poco.
-No, al tiro.
-Bueno- me paré, guardé la mantequilla, dejé la loza en el lavaplatos, y limpié las migas de pan de la mesa, luego me fui a sentar con Javier.

Al rato, cuando fui a dejar a mi amigo al paradero, me di cuenta de su cara de tres metros. Estaba barriendo la cocina, en silencio y yo sin saber por qué estaba enojada siendo que había hecho lo que ella quería.

-¿Qué te pasa?- le pregunté cordial.
-Nada.
-¿Cómo que nada? Dime que te pasa, ¿por qué estás enojada?
- Porque eres un imbécil.
La cara de pregunta de mi amigo fue idéntica a la mía cuando escuchamos esa respuesta, y se incrementó cuando vimos que me sacó a empujones de la casa y cerró la puerta de un portazo.

¿Se da cuenta? Todo era un problema estando con ella, de hecho muchas veces tuve que afirmar mi mano para no golpearla. Pero parecía que ella me empujara a aquello.

Para colmo un día llega y suelta de cuerpo me dice que me va a dejar, porque la relación no daba para más, porque no podíamos seguir así… porque ya no me amaba. Los valores y los sentimientos no son mutables, o nunca me amó o entonces el enojo la estaba haciendo creer cosas que no son.

-No- fue lo único que pude decirle.

Luego de eso fueron los rumores, ella tenía a otro, y sólo habían pasado dos semanas de que habíamos terminado, junto con los rumores fueron las bromas de mis amigos. Después una de las peores penas que me han tocado: el verla con él. No pude soportarlo. Fue en un bar donde estábamos con mis amigos y ella sin la menor vergüenza llegó con él, ¿Cómo podía hacer el que no veía esas cosas, si yo la amaba? Si yo la amo.

El resto es historia conocida, por todos. Al otro día de ese encuentro quise ir a verla, le llevaba un regalo, las flores que a ella le gustaban tanto. Abrí la puerta y fue horrible ver en su espalda cómo ella estaba desnuda, sobre él, tirando en el sofá que yo compré. Pensé que dios había sacado su mano desde el cielo por primera vez sólo para bofetearme… El problema que cuando me golpean yo no puedo, aunque quiera, poner la otra mejilla. Sin que me escucharan tomé el abre cartas que estaba encima del mueble, la jalé del pelo hacia atrás, le di una estocada certera al imbécil que me la había quitado, quien salió arrancando (con una herida en la guata). Entonces la vi, a ella, gritándome una cantidad y n calibre de insultos que no había escuchado nunca, con esa mirada que me hacía saber que me odiaba en lo más profundo, ahí estaba.

Nunca he sabido por qué no puedo aceptar que alguien me gane o por qué no podía aceptar que la Vale’ amara a otro que no fuera yo, pero puedo estar seguro que aún la amaba cuando sus ojos se cerraron, cuando su respiración, cuando mi mano sacó el cuchillo sin filo que había enterrado en su pecho por tercera vez. Por eso señor juez es que no me arrepiento… fue un acto de amor.