septiembre 22, 2008

Vendetta



A Beto Pinto Recabal

 

 

Perra de mierda, Me cagó, Mi auto.

 

 Una caja de fósforos, un bidón de bencina, un pecho negro de odio y ya está.

-¿Por qué chucha mejor no me publicó en Internet?

 

Pero si yo nunca hice nada como para que me haga una webada así, siempre le dejé claro que nuestra relación no trascendía de la cama, de sus pechos que siempre me gustaron tanto, de su inmenso y blanco culo que se movía de una forma que pocas veces he visto.

 

-¿Tendrá noción esta estúpida de lo que cuesta un auto como para que llegue un día y le prenda fuego?

 

Bueno que de pronto lo quemó para borralo de su memoria, ya que… cuando ella veía el auto estacionado afuera de su oficina sabía que irremediablemente se iba a subir a él, iríamos a algún lugar limpio, cómodo, bonito, donde puedieramos estar tranquilos y donde pudieramos tener sexo por varias horas para luego irme a casa con mis hijos, mi mujer y mi nana que cocina increíble.

 

Los bomberos, para perder agua en echarle a ese carbón de lata. No logro entenderla, yo nunca le mostré ni un acta de separación, ni un vestido de novia ni ninguna de esas pelotudeces que utilizan los cretinos que no son capaces de llevar una mujer a la cama.

 

A llamar un taxi y mañana al seguro, donde me darán una larga lista de daños que cubre el seguro, donde podría apostar que no está incluído el incendio del auto por parte de una psicótica despechada.

 

-¿Por qué a mí? Yo no soy nadie, sólo alguien que se toma una copa con los pocos amigos que tengo, sólo soy alguien que trabajo obsesionadamente bien para ser el mejor, sólo soy alguien que me gusta despojar a las mujeres de su ropa interior. Yo… sólo soy un hijo de puta que tiene suerte-.  

Expiación de los pecados

Manuel Soto

 Ascensor. Piso 6, departamento 12.

 

Primero el living, ese maldito lugar donde me senté, me acosté, me reí, me dormí, me embriagué… me hice penetrar. Luego el comedor, donde acostumbrábamos a alimentar-nos, esta mesa de roble antiguo que tanto le gusta y que va arder increíble, un poco más de combustible, el fósforo prendido y ahí está. Ahora la cocina, cuantas veces hicimos juntos cosas exquisitas y no sólo para comer; por muy hermosa que era es necesario que prenda este fósforo sobre ese combustible transparente. Final del pasillo y la habitación (el cuarto de los cachureos no me interesa), quiero quemar todo esto, esos veladores, este estúpido espejo antiguo, esos inentendibles cuadros caros, ese clóset gigante, pero sobre todo: esa maldita cama, que conozco centrímetro por centrímetro, no me interesa gastar lo que me queda en el bidón  en ella y tirar la caja junto al fósforo prendido… ¿humo? Fuego. Qué hermosa vista… se me olvidó que el living y el comedor debía ser lo último.